Los Remanentes de la matanza del 37.

Escrito por ElDiadeAyer 25-09-2016 en asdas. Comentarios (0)

La matanza de haitianos de 1937 es un hecho que marca, no la xenofobia, ni el racismo, sino el odio del pueblo dominicano, o en tal caso, de Trujillo hacia los haitianos. Pues este sentimiento ha sido arrastrado hasta la actualidad. El dominicano ignorante, que no necesariamente debe ser analfabeto, posee un inexplicable odio y rechazo hacia los haitianos.

Fueran tres mil, treinta mil, o el número que usted quiera entre esos dos, lo cierto es, que Trujillo ordenó exterminar los haitianos de este lado de la frontera, no importaba cuantos fueran y que 24 años después, no mostraba ningún arrepentimiento. Para mí esto pone de manifiesto el fondo tenebroso de Trujillo, su absoluto desprecio por la vida humana, algo que demostró de nuevo en 1959, cuando masacró dominicanos de clase media y alta, opuestos a su simpatía de gobierno.

Los haitianos que se encontraban en otras zonas del país, apenas fueron tocados, pues el propósito de la matanza era limpiar la frontera, donde residían el 80% de ellos. No tan solo las victimas mortales, pero también sus remanentes, es el caso de un testigo ocular de lo ocurrido, cuyo nombre se desconoce pero fue un caso muy mencionado, ya quequedó trastornado mentalmente, incoherente por el resto de sus días, por los sucesos de aquella fatídica matanza.

quedó trastornado mentalmente, incoherente por el resto de sus días, por los sucesos de aquella fatídica matanza.


Esa confusión entre etnia y cultural provoca que muchos dominicanos no puedan hablar sobre el tema del racismo o siquiera explicar su anti-haitianismo con objetividad, porque al mismo tiempo ponen en el paredón su patriotismo y su identidad, de modo que resulta más fácil odiar al país vecino y a su gente que criticar un problema que afecta a la mayoría de los dominicanos que intentan ser más patriotas alejándose de todo lo que representa Haití a grandes rasgos: negritud, pobreza, atrazo, incultura, vodú, brujería, entre otras cosas.


A la superación de este problema de identidad no ayudan las telenovelas, que representan una sociedad colonial estática y desfazada, haciendo evidente la aparición de dos identidades: la identidad real y la identidad añorada, donde se destacaban dos figuras, no necesariamente nacionalizadas, pero monocromáticas por así decirlo, la blanca: símbolo de poder y tenencia, dominio imperante; y la negra: esclava desde el inicio de los días, débil, destinada a la subordinación. Este es el motivo de que los dominicanos no se vean como son, sino como a la élite criolla les gustaría que fuera la sociedad dominicana, lo que provoca rechazo y complejo tan siquiera a los haitianos, pero también a nuestra misma raza que tristemente posee una tez más oscura. Esta visión romántica de una américa latina europeizada no ayuda para nada a la creación de una identidad multiétnica de estas sociedades.

A pesar de la evidente influencia africana en nuestra cultura, como se puede ver a través del merengue y de una gran parte de nuestro folklore, se trata de un tema tabú que pocos estudiosos han intentado comprender, porque al mismo tiempo quien lo hace pone en riesgo su dominicanidad o su imparcialidad sobre el tema.

Por Edward Reyes.